Sociedad Argentina de Citología

 

ENTREVISTAS CON NUESTROS MAESTROS


 

Tomamos un café con la Dra. Catalina Bobrow de Gagneten

Entrevista

Pequeña reseña profesional:

La Dra. CATALINA BOBROW de GAGNETEN es médica Patóloga y Citóloga, y Doctora en Medicina de la Case Western Reserve University, Cleveland, Ohio, EE. UU. Desde el año 1994 es Jefa Honoraria de la Sección Citopatología, Hospital Ramos Mejía, y, desde 2010, Miembro de la Comisión de Citotecnología, Programas de Formación del Ministerio de Salud de la Nación. Fue miembro fundador de la Sociedad Argentina de Citología, de la que fue Presidente, en el período 1999-2001. En la actualidad es Miembro Honorario Nacional de la S.A.C, Miembro de la Academia Internacional de Citología,Miembro Titular de la Sociedad Argentina de Patología y de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo.

Dictó los primeros cursos para formación de citotecnólogos y médicos en el país, fue responsable de los primeros trabajos sobre la punción biopsia con aguja fina en el país y sobre la utilización del estudio citológico en biopsias y piezas quirúrgicas.

Algunas frases:

“…Cualquier mujer que entrara a nuestro consultorio, así fuere para hacer una colecta para la Cruz Roja, no debía salir sin su test de Papanicolaou”.

“Nada de lo que es humano me es ajeno”.

P: Dra .Gagneten, vamos a comenzar por el principio de su carrera como médica citopatóloga. ¿Cómo es que usted comenzó a ejercitar la citología?

R: En 1956 me gradué de Doctora en Medicina en Case Western Reserve University, Cleveland, Ohio, EE.UU. Allí el profesor de Anatomía Patológica y jefe del laboratorio de citología era el doctor James W. Reagan. Fue de los primeros patólogos convencidos del valor de la citología y se dedicó intensivamente a la enseñanza y a la preparación de citotécnicos. Impulsó la realización del test de Papanicolaou para detección precoz del cáncer del cuello uterino, insistió en la importancia de obtener muestras del endo y del exocérvix, y utilizó en los diagnósticos citológicos la misma nomenclatura que en histopatología. No utilizaba la clasificación numérica. Por otro lado, el profesor de Ginecología era el doctor Allan C. Barnes, que estaba tan convencido de la importancia del diagnóstico precoz que nos enseñaba que “cualquier mujer que entrara a nuestro consultorio, así fuere para hacer una colecta para la Cruz Roja, no debía salir sin su test de Papanicolaou”
Con estas influencias y con las de mi esposo, Alfredo Gagneten, ginecólogo, luego especializado en ginecología oncológica, era casi natural que me dedicara a la citología.

P: ¿Cuáles fueron sus primeras tareas en esta especialidad?

R: Entre 1957 y 1958 colaboré con el doctor John K. Frost en la organización del primer laboratorio de citología general del Johns Hopkins Hospital en Baltimore, con el cargo de Instructora en Citopatología. Allí se iniciaron cursos para citotécnicas y cursos intensivos para médicos patólogos. Esto se realizaba con el apoyo del Nacional Institute of Health (NIH) de EE. UU. y la American Cancer Society.

P: ¿Cuál era la reacción de los patólogos ante este “nuevo campo”?

R: En ese entonces la mayoría de los patólogos subestimaba la citología, los médicos todavía mantenían cierta desconfianza. Numerosos laboratorios surgieron por el interés de los clínicos de las distintas especialidades que tenían que enfrentar los problemas de sus pacientes: gastroenterólogos, neumonólogos y ginecólogos. Estos últimos estaban particularmente interesados en este método sencillo para el diagnóstico precoz del carcinoma del cuello y así poder salvar la vida de mujeres jóvenes. Sin embargo, los patólogos estaban convencidos de que no había células con morfología específica de cáncer y consideraban que para poder diagnosticarlo era necesario comprobar un criterio esencial que es la invasión.

Para tener una idea de la lentitud en aceptar los progresos, debemos pensar que esto ocurría casi 30 años después de la presentación del trabajo de Papanicolaou “New Cancer Diagnosis” en 1928 y años después de la publicación de la incontrovertible monografía de George N. Papanicolaou y Herbert F. Traut “Diagnosis of Uterine Cancer by de Vaginal Smear” en 1943. El mismo Virchow, sólo 70 años antes de la primera presentación de Papanicolaou, había negado la existencia de una célula específica del cáncer. Fácil es imaginar que los médicos del Río de la Plata, con raras excepciones (Pavlovsky, Schajowicz y los uruguayos Piaggio Blanco y Passeyro), rechazaban las posibilidades de la citología.

P: ¿Y en nuestro país?

R: De regreso a mi país en 1959, la curiosidad intelectual del doctor Moisés Polak lo impulsó a crear el Laboratorio de Citología del Centro Anticanceroso de Avellaneda, del cual estuve a cargo durante tres años. Inmediatamente después, en 1960, el profesor Normando Arenas de la IIa. Cátedra de Ginecología en el Hospital Ramos Mejía me invitó a organizar el laboratorio de citología. De acuerdo a lo aprendido con el Dr. Frost, desde el inició me dediqué a brindar servicios asistenciales a todas las salas del hospital e incluso a otros hospitales, y a la labor educativa. Desde 1960 se organizaron clases y rotaciones para médicos, y cursos para citotécnicos de 20 horas semanales y 9 meses de duración. Todo ello fue gracias al valiosísimo apoyo de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer.

P: Entonces su laboratorio no se dedicó solamente a la citología ginecológica.

R: No, desde los primeros años de la década del 60 utilizamos la citología intraoperatoria y también las punciones biópsicas con aguja fina de tumores palpables superficiales y profundos. Pudimos trabajar estrechamente con los servicios de cirugía, clínica médica y más tarde con el de diagnóstico por imágenes.

P: Tengo entendido que el laboratorio del Hospital Ramos Mejía tiene un rasgo particular.

R: Así es, en 1964 el laboratorio fue el primero en el ámbito de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en ser reconocido como Sección Citología de la División Anatomía Patológica. Su jefe era el Dr. Adolfo Mosto.

P: ¿Rescata algún momento en especial de su formación?

R: Tuve el privilegio de entablar relación con el Dr. Torsten Löwhagen del Hospital Karolinska de Estocolmo y pasar dos breves períodos en su laboratorio en 1982 y 1984 con su microscopio de doble cabezal. Así pude adquirir nuevos conceptos y corregir otros.

P: Usted formó parte de la camada que fundó la sociedad argentina de citología, ¿no?

R: Formé parte del grupo que creó la Sociedad Argentina de Patología para compartir experiencias, historia conocida por todos.

P: ¿Y en la actualidad?¿Cómo ve a la nueva generación de citólogos?

R: En la actualidad veo con satisfacción la valoración de la citopatología y su integración como subespecialidad de la anatomía patológica. Los patólogos jóvenes han tomado conciencia de la importancia creciente de la citología en la práctica médica y, por ende, comprenden la necesidad de un serio aprendizaje.

P: ¿A qué se dedica hoy en día?

R: Continúo con mi práctica privada y soy miembro de la Comisión de Citotecnología. Programas de Formación del Ministerio de Salud de la Nación.

P: ¿Qué otros intereses tiene?

R: En cuanto a mis intereses: como alguien dijo, “nada de lo que es humano me es ajeno”, de modo que estoy interesada en lo que transcurre en mi país y en el mundo y me maravillan los cambios científicos que se producen en todos los órdenes.

P: ¿Le gusta escuchar música?

R: Disfruto de la música, especialmente la música clásica. Durante muchos años fui abonada y gocé los ciclos de Harmonía.

P: ¿Le gusta la lectura? ¿Qué suele leer?

R: Aprovecho todo mi tiempo disponible para leer, incluso en el colectivo. Leo especialmente ensayos, pocas novelas. Extraño no haber leído más novelas, trataré de hacerlo en el futuro. Este año leí, entre otros, “The Ghost Map” de Steven Jonson, sobre la epidemia de cólera en Londres en 1854 y “The Great Influenza”, de John M. Barry, sobre la pandemia de 1918.

P: ¿Cine o teatro?

R: Gozo mucho el teatro pero lamentablemente, viviendo lejos del centro y con crecientes dificultades de tránsito, he estado aprovechándolo poco.

P: ¿Le gustan los deportes?

R: Sí, practiqué gimnasia siempre que pude y tengo bastante osadía, tomé clases elementales de hipismo a los 40 y clases de tenis a los 60. Ahora sólo ejercito en la bicicleta fija cuando miro el noticiero de la televisión.

P: ¿Algo que le guste hacer?

R: Viajar para conocer geografías y su gente ha sido uno de mis grandes placeres. Siempre que ha sido posible he viajado en familia y lo he hecho de todas las maneras: auto, casa rodante, tren, avión; parando en carpa, casas de turismo y hoteles con distintos números de estrellas.

P: ¿Su lugar en el mundo?

R: Mi lugar en el mundo es donde estoy, y vivo con la esperanza que desde aquí progresemos hacia un mundo mejor.

P: ¿Que tarea doméstica prefiere realizar?.

R: Habiendo tenido la suerte y la responsabilidad de una familia con cuatro hijos no me disgusta ninguna tarea casera, pero me da un placer especial cuidar las plantas y el jardín.

P: Una última reflexión que quiera compartir con nosotros…

R: A los médicos jóvenes quiero sugerirles que trabajen con cierta mística en la búsqueda de la excelencia, con el convencimiento de que es un privilegio poder brindar ayuda a los pacientes que acuden a nosotros. Desde la época de Papanicolaou han sido muchos los progresos en otras especialidades y en las ciencias básicas que se han incorporado al ejercicio de la citopatología. Seguramente vendrán muchos más, hay que estar alertas y seguir estudiando con interés.

Agradecemos a la Dra Catalina B. De Gagneten por su buena disposición, por brindarnos tanta información y por permitir que nos asomemos a la persona fuera del laboratorio y los Congresos.