La sed

En un breve poema de Proverbios y Cantares, Antonio Machado señala:

“Bueno es saber que los cuencos sirven para beber/
lo malo es que no sabemos para qué sirve la sed.”

Entre este poema y el Dr. Peluffo, aparentemente, hay una distancia considerable si pensamos en el tiempo, la poesía y la citología.
Sin embargo, el Dr. veía más allá de los cuencos. Su mirada era cuestionadora y siempre surgía desde un ángulo desde el cual nos invitaba a pensar y repreguntar. Esa mirada también lo llevaba a fundamentar sus cuestionamientos, muchas veces controvertidos y que se dirigían al centro del tema. Sus preguntas despertaban la polémica, por ejemplo, ¿por qué y cómo había surgido el Sistema Bethesda? También aplicaba esa pregunta a la vacuna del HPV. Su libro Revoluciones conceptuales en la Patología Cervical es un reflejo de esa actitud, que a través de varias ediciones fue desarrollando y profundizando sus observaciones. Esa mirada estaba en relación con su vocación docente que no solo lo llevó a realizar seminarios o participar en los diferentes congresos sino que también la practicaba en la rutina diaria al ver un Pap.En más de una oportunidad, comentaba y dejaba el extendido para que los citotécnicos observemos ciertos detalles que iban más allá de un contundente koilocito. Sin embargo, su inquietud no implicaba solo a la Citología sino también a la Medicina, consideraba imprescindible que se dicte Filosofía en la carrera. También reflexionaba sobre acciones y situaciones que incluían al ser humano e iban más allá de lo coyuntural y, si bien sus posiciones eran firmes, también invitaba al diálogo. Siempre, pero siempre, tenía un momento para escuchar alguna inquietud y no era extraño que días después realice algún comentario sobre aquella duda.
Fue presidente de la SAC entre 1971-1973 y su activa participación en la Sociedad despertó la sed de quienes lo escucharon.

Haber trabajado en el Instituto Papanicolaou deja una marca, una manera de encarar nuestra tarea diaria con inquietud y amor por lo que hacemos en el lugar en que nos encontremos. Aprendimos a ver los cuencos y reconocer la sed.

Los que siguen en el laboratorio del Dr. Peluffo y la Dra. Illescas (Marcela Pico, Nancy Oviedo, Pablo Cabezas y Florencia Vieto, entre otros) continúan con esa mirada.
El fallecimiento del Dr. causó sorpresa, conmoción, pero seguimos escuchando la voz grave de su sed.

Luis Alberto Harriet