Ana Morandi

Hola

El pasado miércoles 4 de agosto, a la medianoche, nos dejó físicamente Ana Alceste Morandi. Algunos no tuvieron la oportunidad de conocerla, otros pudieron compartir momentos científicos y/o reuniones sociales y otros compartimos la vida , el día a día, con todo lo que eso implica, desde las alegrías por los logros profesionales, familiares, como eran el nacimiento de un hijo, el primer día de clase….. hasta los errores en la profesión y los malos momentos familiares como enfermedad, duelo…Querida Dra. tantos momentos compartidos en los que siempre estuvo presente con su sensibilidad, conmoviéndose ante los problemas de los integrantes del servicio. 

Recuerdo su voz potente con el que nos llamaba y como nos paralizábamos pensando “¿Qué hice? JaJa!!! Su llamado era para pedir un favor o compartir un caso interesante. 

Trabajadora incansable, la primera en llegar y la última en irse, amaba la patología, amaba su profesión. 

Mujer inteligente, responsable, dedicada, perseverante y segura de sus diagnósticos. Patóloga de la vieja escuela “patóloga general” abarcaba todas las áreas y a todas las encaraba con la misma pasión. Ante un caso poco frecuente tenía la actitud de un niño curioso por saber de qué se trataba.

Cirujana en sus comienzos, fue a realizar una rotación por anatomía patológica y … se quedó. Con la Dra. Margarita Telenta formaron un equipo en el cual se complementaban y empezaron a transitar el camino del armado del Servicio. 

Su pasión comenzó por la patología ósea de mano del Dr. Fritz Schajowicz y se extendió a las otras áreas de la Anatomía Patológica

De nacionalidad italiana vino de pequeña con sus padres. Formó en Argentina una familia, junto a Juan Antonio tuvieron cuatro hijas, Alejandra, Silvana, Ana Inés y Marcela, a las que amó, cuidó, protegió, acompañó. Varios de nosotros vimos crecer a esas niñas y convertirse en mujeres.

Recuerdo el día que me dijo con lágrimas en los ojos “lo que me da tristeza es no ver crecer a mis nietos”, en ese momento no entendí el alcance de esa frase, sólo pensé que se refería a “no poder verlos de adultos”. Tiempo después, entendí, ella ya sabía de su enfermedad y sabía que esa enfermedad es la que no le permitiría “ver crecer a sus nietos”.

Ponía la misma pasión y voluntad y fuerza en el trabajo como cuándo organizaba reuniones sociales. Tantas anécdotas para recordar. Una de ellas la fiesta de disfraces en su casa en la cual sus hijas y Juan Antonio también participaron, disfrazados, entusiastas, integrados a la familia anatomopatológica ,o, nosotros integrados a su familia. 

Era muy buena cocinera, entre sus especialidades se encontraba una torta a la cual bautizamos “la redonda” con la cual nos mimaba frecuentemente.

Querida Dra. gracias por todo. Me la imagino reunida con Samuel Orman compartiendo anécdotas entre risas y lágrimas.

GRACIAS!!!

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